En algún momento hemos escuchado hablar de la historia de aquella mítica ave que cae y resurge de sus cenizas y que de cierta manera se puede aplicar a nuestra propia vida cuando uno cae, por el problema que sea, y nos levantamos de ese golpe para resurgir de nuevo y seguir adelante.

Pues bueno, el mito del ave fénix al parecer no va tanto en que resurja de las cenizas porque caiga sino mas bien por una transformación por la que pasaba en un cierto periodo de tiempo.

Hola a todos los WAMMSTERS que nos leen y bienvenidos a otra historia, anécdota, cuento, lectura, como lo quieran ver, que te presenta el mundo de WAMMS.

En esta entrada del blog, les vamos a hablar del mito del ave fénix, su leyenda, su visión en diferentes culturas y el simbolismo de esta ave.

Diseño elaborado por WAMMS representando al ave Fénix.

ORIGEN PALABRA: ETIMOLOGÍA

Al igual que mucho de nuestro lenguaje, teniendo como origen el latín y el griego, esta palabra tampoco es una excepción.

A nosotros nos ha llegado por el latín phoenix  que a su vez viene del griego φοῖνιξ (pronunciado foínix). Significa palmera o color de sangre.

Los griegos importaron la mitología el ave fénix de los egipcios, por lo que su origen no es griego como muchos de nosotros llegamos a pensar.

EL MITO DEL FÉNIX EGIPCIO

El origen del ave Fénix la encontramos en Libia y Etiopía, donde se le llamaba Benú o Bennu, en teoria, relacionado con el verbo «wbn» que significa «ascender en brillo» o «brillar».

El Bennu, era representado como una garza, asociada con aquella ave que crece en el Nilo, que resucita cada vez, y al Sol, nacía y moría todos los días.

Algunos representaban a la garza con el plumaje rojo como el fuego y se lo consideraba un semidiós. Algunos lo representaban como un águila de plumaje rojo y dorado.

El mito cuenta que el Fenix, volaba por todo Egipto recolectando los mejores materiales para construir su nido con ramas de canela, ramas de roble, nardos y mirra. Cuando se acercaba la hora de morir, la cual ocurría cada quinientos años, según Hérodoto, aunque dependiendo quien cuente la leyenda su periodo de vida podía variar entre los cien y los 12994 años.

Mientras estaba en su proceso de muerte, este entonaba una melodía hermosa como ninguna otra mientras las llamas consumían su cuerpo. Tres días más tarde, Bennu renacía pletórico de sabiduría y fuerza. Una vez renacido y en plenitud, dejaba su nido en la Heliópolis, el templo del Sol, iniciando un nuevo ciclo, lo que era una señal al pueblo de Egipto al llenarse de inspiración.

EL MITO DEL FÉNIX GRIEGO Y ROMANO

A los griegos les debió encantar el Bennu egipcio porque enseguida lo incorporaron a su mitología. Heródoto, padre de la historia, lo incluyó en sus textos.

«Pero todavía hay otra ave sagrada, la llamada Fénix. Yo la he visto solamente en pinturas, pues acude a ellos muy de tarde en tarde, sólo cada quinientos años, según dicen los de Heliópolis, y sólo acude a ellos, afirman, cuando se les ha muerto el padre. Si se parece a sus pinturas, he aquí su tamaño y su aspecto: de sus plumas, unas son de color de oro, otras rojas en contorno y en tamaño se parecen muchísimo al águila. De esta ave cuentan, pero yo soy incapaz de creérmelo, que hace lo siguiente: levanta el vuelo en Arabia y lleva al santuario del Sol el cadáver de su padre, que ha recubierto de mirra, y lo entierra en él. Y lo traslada así: primero modela un huevo de mirra que ella misma sea capaz de sostener, y prueba si puede llevarlo: cuando ya lo ha comprobado suficientemente, vacía el huevo y mete a su padre dentro y cierra con más mirra el orificio por donde ha abierto el huevo y ha metido a su padre dentro. Cuando el padre esta dentro, el huevo pesa lo mismo que pesaba antes, y envuelto así el ave fénix lo traslada a Egipto, al santuario del Sol. Esto es lo que dicen que hace esta ave.»

Plinio el viejo, padre de la enciclopedia, incluyó al fénix en su Historia Natural. El romano la describía como una águila grande con un collar dorado alrededor del cuello, de cuerpo color púrpura y cola azul con algunas plumas rosadas. Estimó su longevidad en unos quinientos cuarenta años y explicó su regeneración se debía a que nacían unos gusanos a partir de los huesos y la médula del fénix muerto.

Ovidio, poeta romano, dedicó estas palabras al fénix.…«Sólo hay un ave que se vuelve a sembrar y a generar a sí misma: los asirios la llaman fénix. No se alimenta de cereales ni de hierbas, sino de lágrimas de incienso y del jugo del amono; cuando ha cumplido cinco siglos de vida, al punto sube a las ramas más altas de una cimbreante palmera y con sus garras y su pico incontaminado se construye un nido. En cuanto ha recubierto el fondo con casia y espigas de suave nardo, con canela desmenuzada y con rubia mirra, se tiende encima y termina su existencia inmerso en perfumes. Entonces, dicen, del cuerpo del padre renace un pequeño fénix que ha de vivir otros tantos años. Cuando la edad le ha dado fuerzas y es capaz de soportar la fatiga, libera las ramas del elevado árbol del peso del nido, y devotamente se lleva lo que fue cuna suya y sepulcro paterno; tras llegar a través del aire ligero a la ciudad de Hiperión, lo deposita en el templo de Hiperión ante las puertas sagradas.»

SU MITO EN LA BIBLIA

Aunque parezca extraño o no, los primeros cristianos, influidos por la cultura helena, incorporaran al ave fénix como símbolo viviente de la inmortalidad y la resurrección. Comparándolo con Cristo, alegoría de su muerte y resurrección.

Su historia cuenta que el fénix floreció de un arbusto de rosas debajo del árbol del bien y del mal en el edén. Llevaba un plumaje colorido y un canto incomparable. Fue el único en resistirse en robar las frutas del árbol.

Cuando Adán y Eva fueron expulsados, cayó sobre el nido una chispa de la espada de fuego de un ángel, y el pájaro ardió al instante. De las propias llamas, surgió una nueva ave, el fénix, con un plumaje inigualable, alas de color escarlata y cuerpo dorado.

La fidelidad al Señor fue la inmortalidad, el conocimiento, la capacidad curativa de sus lágrimas y su increíble fuerza. A lo largo de sus múltiples vidas, su misión consistiría en transmitir el saber desde su origen al pie del árbol del bien y del mal. También servir de inspiración en sus trabajos a los buscadores del conocimiento como artistas y científicos.

Es mencionado por Isidoro de Sevilla, Dante y Quevedo.

EL MITO EN OTRAS CULTURAS

Existe en la cultura como el Feng-Huang; la japonesa, el Ho-oo; la rusa, El Pájaro de Fuego (inmortalizado en la música por Stravinsky); la irania, el Simrug; la árabe, anqa; la hindú, el Garuda; los indios de norteamérica, el Yel y los Aztecas, Mayas y Toltecas, el Quetzalcoatl.

En China el fénix chino, el feng representaba a los machos y huang, a las hembras. Dando como resultado el yang y el yin, no todo bueno es malo, ni viceversa. También, representa un símbolo de virtud y gracia.

El Simurg, en la mitología irania, era tan anciano que vio la destrucción del mundo en tres ocasiones. Adquirió conocimiento y sabiduría gracias a su larga existencia.

El anqa, según la tradición yaresaní, se reencarnó en un ángel llamado Mohammad Beg, quien engendró a los primeros seres humanos, Masya y Masyanang. 

Diseño elaborado por WAMMS representando al ave Fénix.

SIGNIFICADO PSICOLÓGICO DEL FÉNIX

Carl Gustav Jung explicó en su libro «Símbolos de transformación» que el ser humano y el ave Fénix tienen muchas similitudes. La emblemática criatura de fuego capaz de elevarse majestuosamente desde las cenizas de su propia destrucción, simboliza también el poder de la resiliencia, esa capacidad inigualable donde renovarnos en seres mucho más fuertes, valientes y luminosos.

Un mito que ha nutrido prácticamente todas las culturas de nuestros países. Del cual se decía que sus lágrimas eran curativas, que tenía una gran resistencia física, control sobre el fuego y una sabiduría infinita. Era, en esencia, uno de los arquetipos más poderosos para Jung, porque en su fuego se contenía tanto la creación como la destrucción, la vida y la muerte…

“El hombre que se levanta es aún más fuerte que el no ha caído» -Viktor Frankl-

Viktor Frankl, fue neuropsiquiatra y fundador de la logoterapia, sobrevivió a la tortura de los campos de concentración. Tal y como él mismo explicó en muchos de sus libros, una experiencia traumática siempre es negativa, sin embargo, lo que suceda a partir de ella depende de cada persona. En nuestra mano está alzarnos de nuevo, cobrar vida una vez más a partir de nuestras cenizas en un triunfo sin igual o por el contrario, limitarnos a vegetar, a derrumbarnos…

Esta capacidad admirable por renovarnos, por recobrar el aliento, las ganas y las fortalezas a partir de nuestras miserias y cristales rotos pasa primero por una fase realmente oscura que muchos habrán vivido sin duda en piel propia: hablamos de la «muerte». Cuando atravesamos un momento traumático todos «morimos un poco», todos dejamos ir una parte de nosotros mismos que ya no volverá, que ya nunca será igual.

De hecho, Carl Gustav Jung establece nuestra similitud con el ave Fénix porque también esta criatura fantástica muere, donde él propicia las condiciones necesarias para fallecer porque sabe que de sus propios restos emergerá una versión de sí misma mucho más poderosa. Así, y de entre todas los mitos alrededor de esta figura, es la Egipcia la que nos ofrece como decíamos esos puntos clave en los que debemos detenerlos para entender mejor la relación del Fénix con la resiliencia.

El ser humano debe desplegar sus alas para sobrevolar su universo interior en busca de las ramas de su autoestima, la flor de su motivación, la resina de su dignidad, la tierra de sus ilusiones y el agua tibia de su amor propio…

Debemos considerar, que esas cenizas, no se las llevará el viento, al contrario, estas formarán parte de nosotros, para dar forma a un ser que renace del fuego, de nuestras caídas, mucho más fuerte, más grande, más sabio…

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Gracias por leernos y hasta la próxima publicación.